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El fuego que nunca se apaga. Fallas 2018

El pasado año hice una selección a través de Redes Sociales de aquellas fallas que me parecieron las más interesantes. Pues bien, en esta ocasión creo que este asunto se merece una entrada en el blog. No porque sea una grandísima apasionada de los monumentos falleros, más bien porque creo que puedo llegar a serlo. Me explico, hasta hace unos pocos años todas las fallas me parecían una manifestación artística popular anclada en el tiempo. Casi casi reaccionarias, a la vez que irónicamente estaban cargadas de crítica social y sátira. Son muy interesantes y algunas hasta te hacen reflexionar y enterarte de alguna que otra gestión malparada (que pudo no haber trascendido en los medios) del gobierno local, autonómico o estatal del momento. Un arte público, crítico y sí, popular. ¡Y a mucha honra!

Pero a mí, como a muchos agentes culturales (también anomenados “culturetas”, “del mundillo” y “muertos de hambre”), digámoslo claro, que somos un poquito “tiquismiquis”, una panda de “modernos” elitistas (luego ampliaré esto, que el tema “tiene chicha”) me acababan aburriendo e incluso me molestaba tanto “barroquismo” (¡Cómo me gustan las comillas y los paréntesis!). Ahora ya no, ahora veo variedad, opciones estéticas y conceptuales, que aunque pocas hasta consiguen que disfrute de las más tradicionales. Eso que te quitas el gusanillo y ya, pues relajada todo te parece más bonito, más de color de rosa y ni te molesta tanto rosita pasteloso, hasta te mola. ¿Y habéis visto esas puntillas en relieve? Me fascinan… 

Pues, una de las que “me ha rascado donde me picaba” (sí sí, estoy escribiendo con segundas, es mi rollito y a ti te está haciendo leer un “tochaco” de post. He conseguido que no abras Instagram unos minutillos) ha sido la Falla Mossen Sorell – Corona, obra de Fermín Jiménez Landa y construcción de Manolo Martín.

Por lo visto, según nos cuentan, todo empezó el año pasado cuando durante “la cremà” Fermín se llevó una brasa con la que luego encendió una llama que ha mantenido de soporte en soporte hasta estas fallas. Nos lo creemos va, pongámosle fe, que sí, y si no tampoco nos importa. El concepto nos mola y “au”. Toda la “explicación de la falla”, que además la expresión en esta ocasión es literal, se encuentra en el “llibret” que podéis ver aquí. Spoiler: es más largo que esta entrada, pero merece la pena.

Además esta falla ha estado ligada íntimamente al Centre del Carme, dato importante, luego hilamos todo lo que estaba en el tintero. Con nada más y nada menos que una performance pirotécnica. Como nos gusta la pólvora… 

Venga va, que la explicación y los fuegos artificiales los tenéis en un vídeo. ¡Pero leed más malditxs!

Salvar el foc from Falla Mossen Sorell Corona on Vimeo.

Volvemos al Centre del Carme y a otra falla. La del Ayuntamiento, sí sí, la de Okuda, no me pongáis esa cara. Llegamos al gran debate, a la discordia, a las lanzas y cuchilladas. Primero que nada, relax, las fallas se queman y la de este año aunque no te gustara quemó como nos gusta a los valencianos, con un efecto antorcha espectacular. Casi casi nos gustó tanto como cuando se cayó media falla. Bueno, que quemó bien y ya no está. ¿Vale? Se fue.

¡Pero la exposición no! Y que poco te gusta a ti, sí a ti, pequeño “moderno” elitista. Vamos a ver, no quiero ponerme seria por favor, de veras que no. Tenemos una falla super conceptual por un lado que en redes no ha tenido ni la mitad de debates y reflexiones a su alrededor y por otro lado una que gusta al público más “profano”. Que muy al contrario que generar debate entre los profesionales de nuestro sector (y no, no pongo profesionales entre comillas porque lo sois, por eso me irrita tantísimo el asunto), ha generado una serie de comentarios cada cual más insultante. Algo bochornoso, hasta el punto de ver críticas al hecho de que el artista ha cobrado por hacer la exposición. ¿Pero estamos locos? ¿Os habéis enterado de toda la lucha desde el colectivo artístico o estabais en un búnquer esperando la Tercera Guerra Mundial? 

En el debate del cobro ni voy a entrar porque considero que esta etapa la hemos pasado y el criticar el sistema capitalista no te hace ser una especie de ameba que ni come, ni siente, ni padece…

Entiendo las críticas, más allá de compartirlas o no, pero no entiendo el tono: la rabia, la inquina de algunos de los comentarios. Sobre todo no lo entiendo cuando hay obras que ni se cuestionan ni pueden ser criticadas y en las que la técnica ni se mira ni se considera importante. Quizás el problema está en que somos un grupo de casposos elitistas que necesitamos de dotar de aura a aquello que solamente entendemos nosotros. Y si le gusta a los “profanos”, a esos a los que lo que nos gusta a nosotros no les gusta “porque no entienden de arte”, entonces y solo entonces, es vacío, superfluo y malo. Sí sí, en un ámbito donde la crítica negativa esta prohibida y hasta penalizada (pobre del crítico que se mete en esos fangos) si gusta al pueblo es, y cito literalmente, “una mierda”. Pues hay un museo lleno de gente que no había pisado un museo de arte contemporáneo en su vida, y no van a ver “mierda” (ese es Piero Manzoni, mierda en lata, tal cual te lo cuento). Van a ver un arte que puede que no te guste pero que sirve para conectar y quien sabe si para que más de algún “profano” se enamore del Arte Contemporáneo, del que escribimos con mayúsculas y todo. 

Me alegro de haberme retrasado a la hora de escribir esta entrada y comprobar que se sigue visitando la exposición y que además los visitantes se asoman a otras salas con otro arte más de “nuestro rollito”. En todo caso, puede ser que mi licenciatura no me sirva de nada, que no tenga criterio y que no sepa filtrar, pues muy bien. Os digo una cosa, no me esperaba que me gustara la exposición, sabéis que no soy una fanática del abanico cromático. Pero resulta que la Sala Ferreres es enorme y con salas anexas con más obras a parte de los colorines geométricos “Okuda brand”, tiene más obra. Quien sabe, puede que te guste, todo es abrir un poquito la mente.

Y con este “caloret” os digo: me encanta que se generen sinergías entre arte contemporáneo y arte popular. Sigamos por este camino. 

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